Flores rosas

El rosa abarca una gama amplia, del casi blanco al fucsia intenso, y es el matiz lo que decide cómo combina con la estancia. Esta colección reúne tallos sueltos, rosas, dalias y mezclas, así como dos cerezos en flor en maceta.

Elegir el matiz antes que la flor

Un rosa pálido, empolvado, se funde en un interior claro y a distancia casi se percibe como un blanco roto. Un rosa coral o fucsia se convierte en un acento: pide quedarse solo en la estancia. Entre ambos, el rosa melocotón da calidez a una pared beige o a un revestimiento de madera sin robarle protagonismo.

Capullo cerrado, flor abierta

La misma variedad existe en ambos estados, la rosa David por ejemplo. El capullo aporta una línea vertical nítida, adecuada para un jarrón estrecho y una composición gráfica. La corola abierta aporta volumen y llena un jarrón ancho. Mezcla ambos en un mismo ramo: es lo que hace creíble una composición.

Del tallo al cerezo en maceta

Un tallo se trabaja por unidad y se recorta a la altura del jarrón. Un cerezo en flor en maceta juega en otra categoría: supera los dos metros y se convierte en la pieza protagonista de una entrada o de un rincón del salón. Ambos se complementan, ya que el tallo retoma en pequeño el color de la pieza grande.

Preguntas frecuentes

¿Un tallo suelto o un ramo?

Un tallo alto en un jarrón estrecho basta en una mesita de noche o una consola. Para un salón, calcula más bien de cinco a siete tallos en un jarrón ancho, combinando dos especies.

¿Se pueden acortar los tallos?

Sí, con unos alicates de corte. Corta justo por encima de una unión de hojas para mantener un tallo limpio, y ajusta la altura al borde del jarrón.

¿Cómo conservar el color?

Mantén las flores alejadas del sol directo, que apaga el rosa más rápido que otros tonos. El resto del tiempo, basta con quitar el polvo con un paño seco o con un soplo de aire frío.