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La colección Victoria gira en torno a un sofá, y con eso basta: volúmenes generosos, un asiento mullido y líneas modernas, alrededor de los cuales se organiza el resto del salón.
Un relleno blando se hunde allí donde uno siempre se sienta. El gesto útil lleva dos minutos: ahueca los cojines del respaldo con la palma de la mano y cambia de sitio de vez en cuando para repartir el uso. Un asiento mullido pide este mínimo de atención y lo devuelve en comodidad.
El número de plazas anunciado sigue el diseño de los cojines, no la comodidad real. Mide más bien el ancho del asiento entre los reposabrazos y luego divide: cada adulto necesita unos sesenta centímetros para acomodarse sin rozarse. La medida total, reposabrazos incluidos, sirve después para comprobar la pared.
Cuando una estancia se apoya en un solo mueble generoso, todo lo demás gana pasando a un segundo plano. Elige una mesa de centro fina, una alfombra que pase bajo las patas delanteras del sofá y muebles de almacenaje bajos. Las paredes pueden quedarse claras: es el volumen del asiento lo que aporta el carácter.
Compara el ancho del asiento sin reposabrazos, indicado en la ficha del producto, con unos sesenta centímetros por adulto. Las plazas anunciadas corresponden al diseño de los cojines y no sustituyen esta medida.
Aspira con regularidad con un cepillo suave y trata las manchas mientras están frescas, con un paño blanco húmedo, a toquecitos. Evita los quitamanchas fuertes, que a menudo dejan un cerco más visible que la mancha.
Toma la medida total de la ficha del producto y añade lo necesario para no encajonar el sofá en una esquina. Un ligero espacio a cada lado basta para que un modelo de volúmenes generosos respire.
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