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Plume hace honor a su nombre: una silueta baja, cojines mullidos y tejidos suaves, para un sofá cama que no recarga la estancia. Los tapizados van del bouclé al terciopelo, en tonos naturales.
Las líneas ligeras convienen a los espacios donde se quiere conservar aire: un salón estrecho, un dormitorio de invitados, un altillo. Deja respirar la pared por encima del respaldo en lugar de colgar en ella un cuadro demasiado ancho. Una alfombra clara bajo los pies termina de abrir el espacio.
El bouclé aporta relieve y disimula las marcas del asiento. El tejido texturizado es el más discreto, el que se funde en un interior ya decorado. El terciopelo, por su parte, cambia de matiz según la hora del día y requiere un cepillado regular.
Los tonos arena, crudo y verde suave combinan entre sí sin esfuerzo, siempre que se mantenga un material dominante. Pon el color más intenso en un cojín o en una manta, en lugar de en el sofá que conservarás durante años. La madera clara y el lino prolongan esta paleta.
Su altura reducida y sus líneas finas ayudan mucho. Aun así, mide la longitud de la pared y la profundidad del asiento, con los cojines del respaldo incluidos.
Resiste bien el uso diario, pero la uña de un animal puede tirar de un bucle. En ese caso, corta el hilo a ras del tejido, en lugar de tirar de él.
El bouclé disimula mejor las huellas del día a día, el terciopelo da más profundidad al color. Observa la luz de tu estancia: el terciopelo se revela en ella, el bouclé se mantiene uniforme.
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