Selección de piezas decorativas amarillas

El amarillo no se añade como un beige: uno o dos toques avivan una estancia clara, más allá se neutralizan. Esta selección reúne tallos y ramos artificiales en tonos amarillos, del girasol al crisantemo, con un jarrón, una funda de cojín y gravilla decorativa.

Dosificar un color vivo

El amarillo atrae la mirada antes que los demás tonos: colócalo donde quieras que la mirada se detenga. Dos o tres toques repartidos en triángulo funcionan mejor que un solo punto que lo concentre todo. Una estancia oscura apaga el amarillo: necesita luz para seguir siendo intenso.

Del girasol al crisantemo

Estos amarillos no se parecen. El girasol y la dalia tienen cabezas anchas que estructuran un ramo, la margarita y el clavel son más ligeros, y el crisantemo ping-pong forma esferas regulares. Una rama de níspero aporta el respiro que evita el efecto de ramo demasiado lleno.

El textil prolonga el color

Una funda de cojín amarilla sobre un sofá neutro responde al ramo situado más allá y conecta los dos extremos de la estancia. Mantén el textil más apagado que la flor, que sigue siendo el punto más luminoso. Un cojín se cambia de sitio en un segundo: es la mejor prueba antes de apostar por un color en otro lugar.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos tallos para un ramo equilibrado?

Un número impar funciona casi siempre: cinco o siete tallos en un jarrón mediano. Mezcla dos tamaños de flores y añade un tallo más alto.

¿Con qué colores combinar el amarillo?

El beige, el blanco roto y el gris claro lo realzan sin competir con él. El marrón de lo vegetal seco le da profundidad, el verde lo hace más natural.

¿Jarrón transparente u opaco?

Un jarrón opaco oculta la base de los tallos y pone en valor la flor. Con gravilla vertida en el fondo, el cristal transparente vuelve a ser una opción y los tallos dejan de girar.