Colección de flores blancas

Una flor blanca encaja en todos los interiores sin recargarlos nunca. Esta colección reúne rosas, gerberas, flores de cerezo, hortensias y orquídeas presentadas en su jarrón.

El blanco se juzga sobre el fondo

Una flor blanca siempre se lee contra algo: una pared, un mueble, una bandeja. Sobre un fondo oscuro, destaca y se convierte en el punto luminoso de la estancia. Sobre una pared clara, mira de cerca los dos blancos: si son muy parecidos, chocan entre sí, mientras que un contraste claro realza a ambos.

Capullo cerrado o flor abierta

La misma rosa existe en capullo cerrado y en flor abierta, y el resultado no tiene nada que ver. El capullo dibuja una línea vertical nítida, para colocar en serie en un jarrón estrecho. La flor abierta ocupa volumen y se basta a sí misma en un jarrón ancho. Mezclar ambos estados aporta la irregularidad de un ramo recién cortado.

El jarrón y el efecto agua

Algunas piezas están pensadas con su recipiente: una orquídea en un jarrón dorado, una rosa sobre un lecho de guijarros, una composición plantada en un material que imita la tierra. El efecto de agua fija en el fondo del cristal reproduce el nivel de un jarrón lleno, lo que evita tener que ocultar la base de los tallos.

Preguntas frecuentes

¿Cómo limpiar una flor blanca?

Quita el polvo con un pincel suave o un paño seco, sujetando el pétalo por debajo. Sobre una marca reciente, presiona con un paño blanco apenas húmedo, sin frotar.

¿El blanco cambia con la luz?

Como cualquier material claro, el blanco adquiere pátina al sol directo. Coloca los tallos lejos de una ventana orientada al sur y gira el jarrón de vez en cuando.

¿Qué jarrón para rosas blancas?

El cristal transparente deja ver los tallos: exige una base limpia y tallos regulares. Un jarrón opaco lo perdona todo y pone el foco solo en la flor.