Jarrones metálicos

El metal no se comporta como el vidrio: no muestra nada de su contenido y capta la luz en su superficie. Esta selección reúne jarrones de unos treinta centímetros, Avena, Octave, Arka y Solea, así como los maceteros Elen y Amaya.

Composiciones en seco

El metal se oxida con el contacto prolongado con el agua, por lo que estos jarrones se decoran en seco. Les van bien las flores secas, los tallos artificiales y las ramas, y el peso del jarrón los mantiene rectos sin soporte. Además, nada obliga a llenarlos: una pieza vacía sobre una consola luce muy bien por sí sola.

El reflejo depende de la luz

Una superficie metálica devuelve la luz en lugar de dejarla pasar, y el efecto cambia a lo largo del día. Frente a una ventana, los reflejos dan vida al jarrón; en un rincón oscuro, solo se distingue la silueta. Coloca, pues, estas piezas cerca de una ventana o de una lámpara, aunque tengas que moverlas según la estación.

Agrupar en lugar de alinear

Estos objetos se parecen por el material y difieren por la forma, lo que los hace fáciles de reunir. Junta dos jarrones de altura similar y un macetero más ancho sobre una misma bandeja. Por el contrario, un solo jarrón de metal entre piezas de cerámica o de madera crea un contraste de materiales que basta por sí solo.

Preguntas frecuentes

¿Se puede poner agua en un jarrón de metal?

Mejor no hacerlo, porque la humedad acaba marcando la superficie. Reserva estos jarrones para tallos secos y flores artificiales.

¿Qué tallos para un jarrón de 34 cm?

Calcula tallos de unos cincuenta a sesenta centímetros, es decir, una vez y media la altura del jarrón. De tres a cinco tallos bastan cuando el cuello es estrecho.

¿Un macetero de metal admite una planta natural?

Solo con una maceta estanca colocada en su interior, para que el agua nunca toque el metal. Con una planta artificial, la cuestión no se plantea.