Colección Cardo

El cardo se elige por su silueta antes que por su color: una cabeza espinosa, un tallo recto, un grafismo que se sostiene solo en un jarrón. La colección reúne tallos sencillos, ramas con varias bolas, versiones doradas y ramos ya compuestos.

La altura antes que el color

Nuestros tallos van de unos cuarenta centímetros a casi noventa. Los formatos cortos se colocan en un jarrón de mesa o en una consola de recibidor; los tallos largos necesitan un jarrón alto que los mantenga bien rectos. La regla que funciona casi siempre: el tallo sobresale del jarrón aproximadamente la mitad de su altura.

Solo, en trío o en ramo

El cardo se defiende muy bien solo: tres tallos en un jarrón estrecho ya visten una mesa. En una composición, aporta el volumen espinoso que rompe la redondez de las rosas y la flexibilidad del follaje. Los ramos ya montados de la colección te ofrecen esta mezcla sin tener que crearla.

Lo natural y lo dorado

Los tonos naturales, del azul grisáceo al beige, se integran en un interior sobrio y acompañan todo el año. Las versiones doradas marcan más bien la temporada fría y combinan bien con un metal cálido, el latón o el cobre. Mezcla ambos con mesura: uno o dos tallos dorados avivan un ramo natural.

Preguntas frecuentes

¿Qué altura de tallo para una mesa de centro?

Quédate por debajo de los sesenta centímetros para mantener despejada la vista de un sillón a otro. Los tallos grandes encuentran mejor su sitio en el suelo o sobre un mueble alto.

¿Las cabezas de cardo son rígidas?

Reproducen el relieve de la flor con un material que se mantiene flexible al tacto. Así puedes separarlas una a una para abrir el ramo.

¿Cómo quitarles el polvo?

Un plumero o un soplo de aire frío del secador elimina el polvo acumulado entre las puntas. Evita el agua, que marca los tonos naturales.