La mesa de Navidad es el único momento del año en el que aceptamos pasar una hora poniendo la mesa. Así que más vale que el resultado esté a la altura. Aquí tienes un método sencillo, en cinco pasos, que funciona igual de bien para seis personas que para doce.
1. Elige tu paleta antes que nada
Es la decisión que lo estructura todo. Dos colores dominantes, más un metal. El rojo y el verde con dorado dan la Navidad clásica y cálida. El blanco y el beige con plateado dan una mesa nórdica, más serena. El verde intenso y el blanco con latón dan un aire más contemporáneo.
Una vez elegida la paleta, todo resulta más fácil: el mantel, las velas, las servilletas y el centro de mesa se desprenden de esa elección, y ya no compras al azar.
2. La vajilla marca el tono
No hace falta comprar una vajilla completa nueva. El método más económico consiste en mantener tus platos llanos habituales, a menudo blancos, y colocar encima un bajoplato decorativo. El efecto es inmediato y el presupuesto se mantiene razonable.
Las piezas de vajilla de Navidad de cerámica funcionan especialmente bien para ello: aportan el motivo sin que la mesa se convierta en un escaparate.

Piensa también en el momento del café y del postre, a menudo olvidado en la puesta en escena. Una taza o un cuenco a juego prolonga el ambiente hasta el final de la comida.

3. El centro de mesa, a lo largo mejor que a lo alto
La regla de oro: hay que poder verse y hablarse de un extremo a otro de la mesa. Todo lo que supere los treinta centímetros de altura es un obstáculo.
Opta, por tanto, por un camino de mesa vegetal en lugar de un gran ramo central. Unas cuantas ramas de pino y de bayas colocadas directamente sobre el mantel, en línea, con velas intercaladas: es la solución más elegante y la más rápida de montar.
En una mesa redonda, el planteamiento cambia: una composición central baja y ancha funciona mejor que un camino.

4. La luz hace la mitad del trabajo
La cena de Navidad se celebra por la noche. La luz de la lámpara de techo es tu peor enemiga: lo aplana todo y endurece los rostros.
Apaga la luz del techo y enciende varias fuentes de luz bajas. Calcula una vela por cada dos comensales, repartidas a lo largo del camino de mesa. Los portavelas difunden una luz más suave que las velas sin protección y no gotean sobre el mantel.
Un detalle que lo cambia todo: mezcla alturas. Tres candeleros de tamaños diferentes crean mucho más relieve que seis candeleros idénticos.
5. Los pequeños detalles que se notan
Es de lo que hablan los invitados. Un marcasitios escrito a mano, una rama de pino sobre la servilleta, un pequeño adorno colgante atado alrededor del servilletero, una cinta de terciopelo.
Estos detalles cuestan unos pocos euros y dan la impresión de haber dedicado el día entero a ello. También es lo que hace que una mesa se parezca a la tuya y no a una imagen de catálogo.
La lista de la víspera
Pon la mesa la noche anterior, salvo las velas y los elementos vegetales frescos. Ganarás dos horas el mismo día y verás con otros ojos lo que falta. Es el único verdadero secreto de las mesas bien logradas.
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