Colección de otoño

Cuando la luz baja, una estancia se vuelve cálida gracias a los materiales más que a los colores: el vidrio, la llama de una vela, un espejo que devuelve la luz del día. Esta selección reúne jarrones, espejos redondos, velas y un farol, cristalería de mesa y un cactus artificial en maceta de cerámica.

Una luz baja y a varias alturas

Una sola vela ilumina poco, mientras que tres alturas distintas crean ambiente. El farol protege la llama de las corrientes de aire y queda bien tanto en una mesa como en el alféizar de una ventana. Coloca los portavelas sobre una superficie estable y mantén las mechas cortas: así se reduce el humo.

El vidrio en la mesa

Los vasos de agua y las copas de una misma línea se reconocen por la finura del borde. Una jarra y una cubitera del mismo diseño unifican el servicio sin añadir ni un solo color. El vidrio guarda las huellas de los dedos: un paño seco antes de servir le devuelve su brillo.

El espejo redondo y el volumen verde

Un espejo redondo suaviza una pared de ángulos rectos y lleva la luz hacia el fondo de la estancia. Con setenta centímetros de diámetro o más, se basta por sí solo sobre un aparador, mientras que un formato pequeño queda mejor en pareja o en trío. El cactus en maceta de cerámica aporta un volumen verde a la altura de los muebles, allí donde a una planta natural le faltaría luz.

Preguntas frecuentes

¿A qué altura colgar un espejo redondo?

Sitúa su centro a la altura de los ojos, a un metro sesenta del suelo aproximadamente. Sobre un mueble, deja unos veinte centímetros bajo su borde inferior.

¿Cómo limpiar un jarrón de vidrio?

Llénalo de agua tibia con un poco de vinagre blanco, deja actuar y luego aclara. Si el cuello es estrecho, añade sal gruesa y haz girar el jarrón.

¿Hay que combinar los jarrones entre sí?

No, basta con un material común para unirlos. Dos o tres formas distintas en el mismo vidrio dan más vida que una serie idéntica.