Árboles y Plantas

Desde el gran ejemplar que ocupa un rincón del salón hasta la suculenta colocada sobre un escritorio, las plantas artificiales se eligen primero por su escala. Esta colección abarca toda esa variedad: árboles en maceta, plantas de mesa, ramos y composiciones ya montadas.

Empezar por la escala

Un gran ejemplar crea un punto de anclaje y no convive bien con otro: basta con uno por rincón. Las plantas de mesa, como la amarilis, el tulipán, la peperomia o las suculentas, funcionan en grupos de dos o tres, sobre una consola o una estantería. Entre ambos, una composición en maceta viste una entrada sin recargarla.

El macetero es la mitad del resultado

La maceta de cultivo, a menudo negra, sirve para sujetar la planta y se oculta. El macetero, en cambio, integra la planta en el estilo de la estancia: la cerámica esmaltada para un acabado suave, el ratán para un toque natural, el fibrocemento para una presencia mineral. Deja dos centímetros de holgura, si no, la planta no entra recta.

La luz ya no manda

Esta es la verdadera libertad de las plantas artificiales: un pasillo sin ventanas, un baño interior o el fondo de una estancia oscura acogen una planta que, al natural, conservaría mal su color. Lo que importa pasa a ser la circulación. Evita el sol directo tras un cristal, que acaba apagando los tonos.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la maceta es de plástico negro?

Porque sirve para el transporte y la sujeción de la planta, no para decorar. Está pensada para desaparecer dentro del macetero que elijas.

¿Qué tamaño de macetero elegir?

Mide el diámetro de la maceta de cultivo y suma dos centímetros para el diámetro interior del macetero. Para un gran ejemplar, opta por una base ancha, que estabiliza el conjunto.

¿Cómo limpiar el follaje?

Con un paño seco o un plumero, pasado de arriba abajo de la hoja. En las hojas grandes, un paño apenas húmedo elimina la película de polvo.